Simplifica en la cocina

Simplifica en la cocina

Hace meses que no voy al supermercado

Cada vez compraba menos productos en este tipo de superficies, pero a raíz de las medidas impuestas por la pandemia para entrar en este tipo de lugares, decidí finalmente dejar de ir.

De hecho, cuando escucho ahora decir a alguien «me voy, que tengo que pasar por el supermercado», me doy cuenta de la liberación que supone este cambio en mi vida. Lo mismo me ocurrió unos años antes al dejar de ir a la peluquería para ponerme un colorcito en las canas. ¡Cuánto tiempo se gana, dejando ir ciertos hábitos, para poder empeñarlo felizmente en otros!

¿Cómo lleno entonces mi despensa?

Volviendo a lo básico

Eliminando la complejidad que caracteriza a nuestra forma actual de proveernos de alimentos. Igual que ocurre con la información, tener demasiadas opciones al alcance nos despista a la hora de tomar buenas decisiones.

Solo hace falta pararse un poco y observar cómo estamos funcionando.

Por mi parte, lo hago muy sencillo. Dos veces al mes, más o menos, realizo un pedido a domicilio a un supermercado cercano. No son grandes compras, a veces no llegan siquiera a los 50€. ¿Por qué?

Cada vez comemos menos productos procesados o envasados

Priorizamos ingredientes naturales. O que se encuentren lo más cerca posible de su estado natural.

Tratamos de abarcar un arco iris de color en los menús de la semana.

Huímos en lo posible de conservantes, colorantes y sabores artificiales

Apostamos por ingredienes que podemos pronunciar fácilmente.

Desde que descubrí que era celíaca, entender las etiquetas de los productos fue una prioridad para mí. Y descubrí un mundo nuevo (aterrador). Nunca pensé lo que podían llegar a esconder esas letrajas pequeñas, que no lo son más porque la normativa obliga a dejarnos leer lo que dicen.

Cuando lo necesitamos, encargamos fruta y verdura a una huerta cercana

De esta forma, comemos productos de la tierra, sin pesticidas, frescos, y de temporada. Del campo a la puerta de nuestra casa. Sin intermediarios. Y a solo unas horas de haber salido de la planta. Sabiendo que la huerta reparte dos días a la semana*, organizamos cómodamente los menús.

Como no utilizan productos químicos, a diferencia de los de las grandes superficies, las verduras no aguantan una eternidad en la nevera. Así que utilizamos unas bolsas de algodón para conservarlas, evitando así que se pudran rápidamente en el frigorífico. Comprar lechuga de roble un lunes y que se conserve fresca toda la semana, no tiene precio.

Cultivamos nuestro propio huerto

Lo hacemos junto con otras familias que disfrutan con nosotros de este lujo. Tener un lugar donde cultivar sin prisa tus propios alimentos, aprendiendo de la tierra, mientras los peques corren y juegan por el campo, es maravilloso.

Seguimos las pautas de la permacultura, gracias a los conocimientos de mi amiga Alicia, que además nos enseña de vez en cuando buenos hábitos de visión natural (¿dónde mejor que al aire libre, para practicar asoleos y dejar nuestros ojos descansar de pantallas y lugares cerrados?).

Nos traen los huevos y la mantequilla desde la granja

Los compramos a una granja de labradores, artesanos y animales felices. Y siempre cae alguna cosa más… 😍

No solo disfrutamos de un sabor maravilloso. Además nos ayuda a reconciliarnos con la tierra, apoyando procesos de producción naturales y responsables, y pagando un precio justo a quienes producen aquello que es imprescindible en nuestras vidas. Gallinas que pastorean a su antojo por el monte. Mantequilla pura de vacas autóctonas criadas en libertad, y elaborada de forma artesanal por una quesera llamada Pilar.

Cultivamos hierbas aromáticas en el alféizar de la cocina

Tenemos las que más utilizamos en una jardinera con autorriego. Albahaca, perejil, cilantro… Todas listas para cortar, lavar y utilizar cuando queramos. ¡Siempre frescas!

El cebollino lo compramos en la huerta de Carmen. Lo lavamos, cortamos y guardamos en una bolsa del congelador. También listo para aderezar los platos cuando nos apetece (mmmmm…, ¡esos huevos revueltos del desayuno con cebollino!).

Estas son solo algunas de la cosas que hacemos encasa. Pero hay muuuuuuuuuuchas más.

¿Tú como llevas esto de simplificar en la cocina?

¿Te ayudarían algunas sugerencias?

6 cosas para empezar a simplificar

Se puede simplificar en la cocina de muchas maneras.

Estas son mis propuestas de hoy:

1. Ten menús pensados para cada semana

Mi madre siempre decía que le costaba más pensar qué iba a cocinar cada día y hacer la lista de la compra, que cocinar en sí.

¿Os suena? Eso tiene remedio.

Planifica. Dedica una hora, UNA SOLA VEZ, a hacer unos cuantos menús semanales.

👉 Haz un listado de vuestras recetas preferidas

Hazlo con tu familia, tus compañeros de piso, o contigo mismo. Dedícale solo unos minutos, y verás el poder que tiene esta pequeña inversión de tiempo.

Os aseguraréis de tener siempre los ingredientes imprescindibles para vosotros.

👉 Planificad vuestros menús por semanas, meses o estaciones

Podéis hacer 4 menús y repetirlos cada mes.

O hacer 12 menús para cada estación del año, y repetirlos cada año.

O podéis hacer tantos como queráis e ir recurriendo a ellos en función de lo que tengáis en la cocina (aprovechar lo que ya tenemos antes de pensar en comprar, es fundamental).

👉 No olvides escuchar a tu cuerpo

Obseva qué alimentos (o cantidades) te sientan mejor. Esto te ayudará a hacer una lista que contribuya a cuidar tu salud y tu bienestar.

De lo que se trata, por un lado, es de no gastar energía todos los días en pensar qué vamos a comer, comprar y cocinar. Y, por otro, de no tener que improvisar constantemente y acabar comiendo lo primero que pillamos en la nevera.

👉Y no hablo solo de las comidas y las cenas

Da al desayuno el valor que tiene y sé creativo. Ten pensadas varias opciones con las que disfrutas. ¡Hay miles! Puedes pensar una para los días de trabajo, y otra para los fines de semana. O una para cada día. O dos que vayas alternando. Da igual, la idea es que no desayunes cualquier cosa deprisa y corriendo. Tenerlo pensado y planeado (¡y levantarte 5 minutos antes!) puede hacer una gran diferencia en el comienzo de cada día.

2. Haz la compra como máximo una vez por semana

Con un poco de previsión y una mínima planificación, no te será difícil.

Si además puedes evitar desplazarte, mejor para todo el mundo. Te aseguro, además, que comprarás menos caprichos y guarrerías.

Puedes tratar de tener un sistema como el que yo te he contado (súper, huerto, aromáticas…), o inventar el tuyo propio. Creatividad al poder.

3. Lleva un control de lo que tienes antes de lanzarte a comprar

Muchas veces compramos cosas porque no recordamos lo que ya tenemos y lo que no.

Yo incluso tengo una lista imantada a la nevera donde apunto lo que entra o sale del congelador. Así evito tener que mirar hasta el fondo para saber si tengo o no algo que voy a necesitar.

Ten una lista donde apuntar, en un solo lugar, lo que necesitas comprar cuando surge la idea.

Si en tu casa hacéis más de uno la compra (pareja, compañeros de piso, etc), tened un sistema compartido (un grupo de chat, o una app de listas compartidas, por ejemplo). Así cuando uno vaya a comprar algo, podrá mirar lo que falta y aprovecharéis mejor los viajes o trayectos.

Congela con inteligencia

Piensa qué comidas puedes duplicar cuando cocinas y te ahorrarás unos cuantos días de terner que ponerte a cocinar. Especialmente para esas veces que sabemos que vamos a llegar tarde o cansados.

Si te llevas la comida al trabajo, sabes lo maravilloso que es saber que ya cuentas con algunas comidas de la semana listas para llevar.

4. Asegúrate de que los alimentos que almacenas no se echan a perder

Lleva un control de las fechas de caducidad, consumo preferente y plazos máximos recomendados de congelación.

Esto te será fácil si llevas un mínimo registro de lo que tienes y lo que no antes de pensar qué comprar.

5. Utiliza técnicas de cocina eficientes y sencillas

Reconozco que me gusta cocinar porque me encanta comer (no al revés).

Pero solo hago recetas que sean sencillas, rápidas y sin demasiadas complicaciones.

La mayoría las puede hacer mi hijo conmigo.

Si usas microondas, olla a presión, robot de cocina, o cualquier otro electrodoméstico, ¡sácale partido! Dedícale una tarde a descubrir de verdad cómo aprovecharlo y cómo te puede facilitar la preparación de comidas. Si resulta que alguno realmente no te simplifica la vida, plantéate regalarlo o venderlo, y deja espacio (físico y mental) en tu cocina.

Yo tengo la TM6 desde el año pasado, y la uso prácticamente todos los días. A mi hijo de 5 años le encanta copiar los nombres de los alimentos en la lupa del buscador. Le está motivando un montón para aprender a escribir. Gracias Silvia, por ayudar a decidirme 🙌🙌🙌

6. Haz limpieza de utensilios y pequeños electrodomésticos

A veces tenermos demasiados cacharros. Ocupan un espacio innecesario y crean ruido mental y visual en la cocina.

Haz revisión y deja ir lo que no te compensa tener o mantener.

Conseguirás una cocina más despejada, encontrarás antes las cosas que necesitas y limpiarás más rápidamente las encimeras.

🐌

Cada uno de estos apartados, y muchos más que podríamos añadir, darían para escribir horas, y horas, y horas…

Seguramente hablaremos de estas y otras formas de simplificar en nuestro primer encuentro de familia simpleylento. Así que, si te interesan estos temas, ¡no olvides apuntarte!

¡Nos ayudamos unos a otros a simplificar la vida!

¿Y tú? ¿Cómo simplificas en la cocina?

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¡Gracias por leerme!

📸 Foto de cottonbro en Pexels

Paloma Ucelay

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